Carta que todos necesitamos leer, una triste realidad en Cuba

El gran político y pensador hindú Mahatma Gandhi, considerado como un maestro del género humano, decía que la condición de un pueblo se mide por el modo como trata a sus animales. La cita no es textual, pero es fiel al espíritu de la idea de Gandhi, quien provenía de un país que desde tiempo inmemorial venera y protege a los animales y, contrariamente a lo que muchos creen, no solo por razones religiosas, sino porque el pueblo hindú posee una antigua y profunda sensibilidad hacia la naturaleza y todo aquello a través de lo cual ella se manifiesta. Este modo de sentir está ya en Los Vedas, conjunto de textos sagrados, filosóficos, poéticos y legislativos que constituye el libro inaugural que sirve de fundamento a una de las civilizaciones más antiguas de este planeta, tan deshonrosamente habitado y humillado por la especie humana.

Mientras en Cuba no existe ley alguna que proteja a los animales —con jubilosa excepción del ganado vacuno y caballar—, y sí algunos decretos pretendidamente epidemiológicos que amparan y regulan hasta la forma más cruel del exterminio de perros y gatos, por ejemplo, en otros países a quienes deberíamos imitar no solo existen tales leyes protectoras, sino hasta cuerpos de policía muy bien organizados cuya misión consiste en defender a los animales de la depredación del ser humano e imponer sanciones a quienes atenten contra ellos.

Los grupos de protectores de animales, están reunidos en Cuba fundamentalmente en dos organizaciones, la conocida Sociedad Protectora de Plantas y Animales, y el de más reciente creación, el Grupo de Protección a Animales de la Ciudad. Juntos luchan desde hace años para conseguir que el Estado instituya una Ley de Protección Contra el Maltrato Animal. Hasta ahora sus esfuerzos denodados no han rendido fruto, ni tan siquiera uno mínimo, y la petición se atasca una y otra vez, si es que en algún momento ha logrado transitar de un buró a otro, de un Departamento a otro. Me parece evidente que no se considera en Cuba una prioridad amparar a los animales de la brutalidad y el salvajismo humanos, del abandono, el desamparo y las muertes más dolorosas. Reina la más absoluta impunidad y cada día cualquiera puede ser testigo en las calles habaneras de actos vandálicos perpetrados por individuos contra animales enfermos, indefensos, pequeños, quienes no pueden defenderse en modo alguno. Muchos de estos cuadros espantosos los protagonizan los propios empleados de Zoonosis, quienes salen con sus carros a las calles a cazar perros abandonados y hambrientos, a los cuales agarran por las patas traseras y revuelcan dos o tres veces antes de lanzarlos al interior del odioso carro-jaula, donde se golpean al caer y de inmediato son agredidos por los otros perros que ya están dentro, pues habiendo sido objeto del mismo tratamiento perverso, están muy nerviosos y reaccionan con ferocidad. Algunos perros ya están muertos cuando el carro descarga su triste contenido en el inmueble de la calle Infanta, donde tiene su sede esta detestable institución.

Algunas mentes sesudas alegan con suma seriedad que en un país como el nuestro, donde los cultos religiosos afrocubanos gozan de tantos seguidores, resultaría muy difícil el obligado cumplimiento de una Ley de Maltrato Animal, pues sería imposible supervisar el sacrificio diario de miles de aves de corral, carneros, chivos, jicoteas, etc.

Desde luego, este argumento, sesudo y todo, es válido.

Pero los gallos, gallinas y demás ejemplares de la fauna nacional que sucumben cada día bajo el cuchillo del sacerdote matarife de nuestros cultos sincréticos —y los más numerosos aún que contribuyen a la alimentación de la población— no son un argumento de peso suficiente como para que sigamos ignorando atrocidades de tal envergadura que un país que se quiera llamar civilizado de ninguna manera puede darse el lujo de permitir en su territorio.

No existen adjetivos capaces de calificar la monstruosidad que encarnan las peleas de perros y otros animales a los que el hombre, sediento de goces primitivos y salvajes, obliga a contender para su diversión personal, y para que el dinero fluya por los bolsillos de las personas viles que crean las condiciones necesarias para que estos espectáculos puedan suceder. NADA justifica la existencia de las perreras, insalubres, con celdas minúsculas donde los perros (y hasta algunas especie de aves), destrozados y cubiertos de heridas después de las batallas, se hacinan encogidos, yaciendo sobre la sangre que mana de sus heridas; y cuando ya no sirven más por haber combatido mucho, o tras una pelea especialmente feroz en la cual han quedado invalidados para continuar su carrera “profesional”, son arrojados en los basureros, bajo los puentes o en cualquier rincón, muchas veces todavía vivos y lanzando lastimeros alaridos de dolor mientras agonizan entre los desperdicios y las ratas, que los muerden sin esperar a que mueran. El filme Conducta es un retrato tan fidelísimo como bochornoso e indignante de esta faceta de los “entretenimientos” criminales de un sector de la población capitalina No hay argumento capaz de justificar a los fatuos y abusadores dueños de perros de razas de pelea que salen a las calles con sus ejemplares encadenados, para soltarlos y azuzarlos a la vista de infelices perritos vagabundos que deambulan confiados por los parques y las calles de la ciudad, para organizar in situ una carnicería que nadie detiene, pues aunque algunos espectadores quisieran intervenir, todos temen a esos perros entrenados para matar por amos sin conciencia y sin escrúpulos. Algunos de estos perros han mordido a personas, incluso a niños. Desconozco si ya estas parejas asesinas han causado la muerte de algún ciudadano, pero si no ha pasado, puede ocurrir en cualquier momento, en especial si se tiene en cuenta que muchos parques de La Habana están contiguos a escuelas primarias y secundarias, a círculos infantiles y a policlínicos.

Hasta los turistas se espantan de las perreras habaneras, y muchos de ellos han tomado fotos y las han enviado a los grupos de protección animal acompañándolas te textos donde expresan su fuerte e intenso repudio a estas prácticas. Las imágenes, a la que he tenido acceso, son de una crudeza, de una brutalidad espeluznantes, son sádicas, sañudas. Para el delito de entrenar animales para el combate, promocionar peleas y mantener a las víctimas en condiciones de hábitat horrorosas, tendría que existir en Cuba un repertorio de castigos duros y ejemplarizantes. Pero el negocio es muy jugoso, corre dinero “gordo”, y pejes con influencia social —que en muchas ocasiones (pero no siempre) son marginales sin ubicación laboral ni estudiantil— participan en estas masacres para su solaz y esparcimiento. Y en este punto saltan los que preguntan con sorna a los protectores de animales: “Y entonces qué… ¿Te vas a meter con las peleas de gallos?”, y a esta retadora interrogante sigue invariablemente la carcajada de escarnio. Porque quién no sabe que en el Caribe las peleas de gallos y las galleras con ruedos como coliseos, son tradición fundadora de la cultura autóctona, desgraciadamente.

He visto dos niños de escuela primaria pelearse en un parque por la posesión de un gatico recién nacido, con párpados aún cerrados, y partirlo en dos mitades como consecuencia del forcejeo. He conocido hombres y mujeres que tienen perros en sus casas y por el modo como los tratan, podría pensarse que los mantienen bajo su techo solo para tener la posibilidad de maltratarlos y hacerlos víctimas de auténticos suplicios de los cuales los animales no tienen cómo defenderse ni modo de escapar. Invariablemente, cuando alguien intercede por un perro o un gato que están siendo maltratados por sus dueños, estos responden gritando bestialmente que el animal les pertenece y pueden matarlo si les viene en gana, y hasta comérselo después. Esta respuesta, aunque resulte muy penoso admitirlo, retrata de cuerpo completo a un nutrido número de capitalinos, y cuando digo nutrido, debe entenderse que los maltratadores superan en casi absoluta proporción a quienes intentamos ayudar a las víctimas. Quisiéramos que fuera de otra manera, pero no lo es. La impunidad para quienes gustan de maltratar a los animales saca a la luz uno de los peores rostros de la población habanera: el sadismo visceral de hombres y mujeres que, en muchas ocasiones, resultan ser ciudadanos perfectamente integrados a la sociedad y a su comunidad, lo que hace de esta manifestación de crueldad algo realmente incomprensible y digno de estudios profundos.

Pudiera citar muchos otros casos de maltrato que he presenciado personalmente, y otros aún de los que he tenido noticia a través de protectores de animales, pero la lista sería infinita. Algunas personas piensan, de un modo que no puedo menos que calificar de idílico, que bastaría con desarrollar una campaña educativa, es decir, apelar al buenismo de la población apoyándose en una labor concientizadora y educativa. En mi opinión esto es muy necesario, pero… ¿quiénes llevarán a cabo tal campaña, y apoyados por cuáles instituciones y organismos oficiales…? Hasta ahora los escasos y esporádicos acercamientos al tema que he visto en nuestros medios de prensa han pasado como un eco que no deja huella, cuando no han devenido circo vergonzoso, por constituirse el panel conductor sin que hubiera en él presencia de un solo miembro de los grupos de protección animal. En cierta ocasión la población pudo presenciar por televisión una entrevista a un funcionario de Zoonosis, donde este trató de justificar y defender los métodos de captura de los perros callejeros llevados a cabo por el personal bajo su mando, con argumentos absolutamente fuera de lugar, además de muy cuestionables.

No habrá jamás, en ningún terreno de la vida humana, campaña educativa capaz, por sí sola, de obtener resultados alentadores, si no está apoyada por un cuerpo de leyes que confieran carácter de obligatoriedad al cumplimiento de las recomendaciones hechas por los educadores, porque está en la condición humana desoír toda restricción a la impunidad. Para decirlo de forma explícita: la condición humana rechaza todo aquello que ponga límites a su expansión, y cuando digo expansión, digo libre manifestación de sus instintos básicos. Y la crueldad que suele acompañar al instinto de atropellar a los más débiles forma parte de la naturaleza de nuestra especie, tal vez porque es un rezago de la constitución de los Neanderthales, o porque es una condición inherente a los grandes simios de los que descendemos, como es el caso de los chimpancés, o porque las especies más fuertes cazan para sobrevivir a las que les siguen por debajo en el esquema evolutivo. Para colmo, somos la única especie del reino animal que no mata solo para comer, sino también por disfrute y por sadismo, como es el caso de los cazadores y los torturadores.

El respeto a la naturaleza y a la biodiversidad, concepto tan apelado en nuestros días —y fundamental en el pensamiento moderno como uno de los modos de revertir las depredaciones a que hemos sometido nuestro planeta y defender lo que queda de él—, es un respeto que hay que construir en los cubanos, porque no es consustancial con nuestro ethos de nación; es un respeto que hay que educar, sí, pero también hay que obligar a practicar, imponiendo los castigos más severos para quienes se nieguen a la observancia de sus prescripciones. Y no con el único fin de preservar lo que queda de nuestra Tierra, sino porque esa educación, que va dirigida directamente al espíritu, ese respeto a la Naturaleza que nos creó, enriquece espiritualmente a las personas, y el crecimiento espiritual generalmente se traduce en un mejoramiento de la condición humana y en evolución del alma de la especie. El respeto a la biodiversidad hace al Hombre mejor de lo que es. Así lo comprendió Martí cuando dijo que los hombres se dividen entre los que odian y destruyen y los que aman y construyen. Martí no solo pensaba en la política y en la Patria cuando concibió esta idea, como bien entienden todos los que saben que el pensamiento martiano fue siempre ecuménico, humanista y trascendente.

¿Tenemos o no tenemos necesidad de una Ley Contra el Maltrato Animal nosotros los cubanos? La tenemos, porque tenemos la necesidad, la obligación y hasta la urgencia de evolucionar como espíritu colectivo. Pero las características de la cultura cubana nos obligan a ser sensatos en nuestras pretensiones: ya que no somos hindúes que veneran a sus animales, ni canadienses y norteamericanos que poseen cuerpos policíacos y leyes severísimas para defensa de la biodiversidad; ya que necesitamos seguir comiendo gallinas y cerdos y sacrificando pollos, chivos y carneros por motivos religiosos, limitemos entonces de momento nuestra petición —no por claudicaciones, sino por estrategia— a las mascotas no productivas (desde el punto de vista del interés material humano), es decir, a los gatos y los perros, los más castigados por la insensibilidad y la crueldad de las personas, aunque también podría penalizarse la acción de matar aves con tirapiedras, que tanto gustan practicar los niñitos en los parques bajo la mirada indiferente de los padres, o el hábito de apedrear palomas, o el de golpear hasta la muerte a los conejos, solo por el gusto de verlos convertidos en papilla sangrante.

Está muy bien, y es un logro importantísimo, que el ciudadano cubano posea una sólida conciencia política, un altísimo concepto de la Patria, un orgullo nacional incuestionable y una solidaridad siempre presta a practicar el internacionalismo, entre otras cualidades que nos caracterizan, pero no podremos considerarnos ciudadanos integrales, más aún, seres humanos integrales, mientras no hallamos alcanzado un mayor desarrollo en el camino de la evolución moral propia de los pueblos altamente civilizados, y ese camino pasa, nos guste o no, por el respeto a la Naturaleza en todas sus manifestaciones, un respeto que ha dirigido hasta hoy la gestión de grandes personalidades políticas de nuestra América, como el presidente Evo Morales, tal vez el ejemplo más vibrante de esta convicción. La educación moral de los cubanos ha de pasar, además de por la concientización política e ideológica, también por otros territorios de la vida social, de la vida comunitaria, de la Vida, en fin, que debe ser siempre el más alto proyecto del Hombre; pero no hablo solo de la vida humana, sino de la Vida en todas sus formas.

¿Cuánto más habrá que seguir esperando para que las autoridades cubanas promulguen la tan ansiada Ley Contra el Maltrato Animal? No estamos reclamando un favor, no estamos solicitando un regalo, no es una concesión lo que pedimos quienes amamos a los animales. Es una exigencia ciudadana que los protegerá no solo a ellos, sino que hará de nosotros mejores hombres, mujeres y niños de lo que ahora somos; nos hará más espontáneamente solidarios, sensibles, respetuosos, compasivos y, sobre todo, más conscientes de la necesidad de cuidar y preservar, hábitos de los que tristemente carecemos, y que forman tanta parte de la conciencia social de un pueblo como la noción de Patria. La evolución de los conglomerados humanos no radica solo en los avances de la ciencia y la tecnología, sino también en el desarrollo pleno de la conciencia moral y cívica. Ya dijo alguien muy sabio que ciencia sin conciencia es la muerte del alma.

 

Fuente: http://cartasdesdecuba.com

Sobre LAO-Lisette Alvarez Ondina 3413 Artículos
Soy Informática, me dedico a programar y diseñar páginas web en PHP, también soy fotógrafa de todas ocasiones, tengo un estudio de fotos de bebes, niños y embarazadas llamado LAOStudio

20 Comentarios

  1. Es sumamente penoso ver el maltrato que padecen estos animales en la ciudad de Palma Soriano donde, hasta en los parques infantiles como el Nene Traviesa a solo 2 cuadras de la policia del municipio, se ven como enfrentan perros de pelea (solo para provarlos) pero a la vista de niños y adultos que intentan detenerlo pero los dueños responden que el parque es público.
    Más cerca aún, frente a la Unidad #5 de Bomberos, una familia mantiene una perra que es solo huesos y piel y que es arrojada diaramente a la calle en busca de sobras y de que la maten para ya salir de ella, impiden además (el dueño de la casa) que los reclutas de la Unidad mencionada y vecinos misericordiosos le arrojen huesos y comida cuando la confinan en la placa.
    Verguenza da que pongan mesas en la calle 26 para la venta de alimentos elaborados y ver a los perros abandonados pulular entre las mesas y ser maltratados y quemados por los vendedores. Palma Soriano es una verguenza más sobre este tema, pero solo uno más en el país. Necesitamos Leyes, quienes las hagan cumplir y conciencia de los llamados HUMaNOS

  2. Amithaba. Yo soy buda. Karma.
    No dire mucho. Cultura. Economia. Sociedad.
    Gandhi, es uno de nuestros precursores iluminados y pienso que deba ser usada su persona para justificar un argumento.
    si, coincido en que es un acto atroz contra los animales.
    El desarrollo economico de cuba no alcanza para dar prioridad a animales (solo a mascotas, no animales de corral) cuando aun no se le da la atencion debida a los mismos seres humanos.
    La conciencia social de los cubanos aunque lleva 200 años de formacion y sea de las mas fuertes de america aun sobre los estadounidenses no sera nunca del nivel de los indios que tienen mas de 5000 años de historia. punto.
    Las acciones dicen mucho mas que las palabras.
    No mas justificaciones.
    Eso es todo.

  3. Es una lastima, y me da mucha tristeza, que en Cuba no exista leyes para la protección de animales, eso demuestra muchas cosas, porque el pueblo que no sea capaz de tener conciencia y proteger a sus mascotas, me parece que no es capaz de cuidar de su patria, como dijo Martí, Patria es humanidad, y si somos capaces de maltratar a un animal como vemos, no tenemos humanidad, entonces somos capaces de maltratar a nuestros abuelos, a nuestros hijos, pienso que hay casos en los que debe ser ojo por ojo, cuando me encuentro alguien capaz de enfrentar a pelear dos animalitos, el castigo mas eficaz sería poner a esa persona a pelear con alguien mas fuerte y grande que el, y que sienta el dolor que se siente, no se si soy muy radical, pero es lo que pienso, porque si nno eres capaz de sentir el dolor ajeno, entonces siente el tuyo, pero una sociedad que tampoco cuida sus adolescente, los padres los mandan para la calle porque estan estrezados, y estan hasta las 3 y hasta las 5 de la mañana conversando porque no tiene nada que hacer, ni estudian ni trabajan, algunos medicos si no le llevas un regalo, no te atiende bien, los maestros venden las pruebas, el bodeguero y el carnicero te roban peso, si vas al agro te tumban tambien, las medicinas ni hablar, a donde vamos a parar, no hay humanidad, no existen valores como los que me perece habían un poquito antes, pero descuidammos esa parte, un pueblo sin conciencia, y es verdad, un pueblo se mide por como trata a sus animales, exigimos la ley para la protección de los animales, que pienso igualmente nos protegería a nosotros mismos de ir mas alla en la crueldad y la inhumanidad en la que nos estamos convirtiendo, y nada justifica eso, ni tan siquiera la pobreza, y en el caso de los sacrificios de animales por religiosidad, no estoy de acuerdo, pero al menos si lo van a hacer, hasta se debe tener misericordia de la forma en que lo hagan, porque ya van maltratados por el camino, siempre se debe recordar que la vide cobra el doble todo lo que hagas, ya sea bien o mal.

  4. En el Conejito de Aguada y delante de más de 30 personas tuve un problema con un campesino de la zona por que al bajar del ómnibus donde yo viajaba vi como ese señor habia creado una especie de valla para pelear un gato con un perro y las personas allí reunidas disfrutaban el espctáculo hasta que llegué yo y se acabó el pleito entre estos dos animalitos, pero entonces la bronca fue mía con ese señor.Qué desagradable ver como estas personas disfrutaban de esta pelea.

  5. Es triste reconocer que el maltrato animal es tan común en nuestro país como las agresiones verbales entre las personas en cualquier lugar y en cualquier momento, por tanto creo que no solo hace falta una ley de protección a los animales sino que necesitamos hacer cumplir las leyes ya dictadas para acabar con el desorden, la falta de respeto, las inmoralidades y la indolencia que día a día crece mas en nuestras calles.

  6. vivo en villa clara y no se de otras provincias pero es vergonzoso ver a cocheros golpeando y maltratando sus animales.o sea se comportan como bestias solo por ganar dinero y al final ninguna autoridad ejemplariza con ninguno de ellos para frenar estos hechos…

    • RRR, creo que no es en villa clara solamente, vivo en Palma Soriano en la calle donde día tras día pasan coches porque es la ruta que tienen, ahí ves los acostumbrados maltratos físicos, sus cuerpos huesudos, cuando llueve aquello es un caos porque resvalan y se caen, una ves en el piso el dueño se baja y con el látigo…. que latigo con el tubo del látigo les dan por la cara las costillas y por donde lo cojan, unas cuantas veces han terminado muy muy mal, patas partidas, llagas y hasta perforaciones con los tubos de su propio coche o de otro. Es realmente lamentable eso sin contar las carreras que hacen en la madrugada.

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  8. Es vergonzoso ver todos estas cosas en las calles y en los barrios, pero pero es saber que quienes tienen la obligacion de dictar las leyes y hacerlas cumplir profanan la institucionalizacion con su indiferencia y falsos criterios.
    Peor es que con el nivel que pretendemos hacer saber al mundo, no se tengan todavia principios minimos de convivnecia con el medio que nos rodean. Es una pena realmente.

  9. Estoy muy de acuerdo con parar ya el maltrato animal. Aquí debemos incluir “ACABAR YA” con las peleas de gallos ilegales, pues es un maltrato animal también como son las peleas de perros, estos son actos sanginario y fuera de una mente humana pues usan estos animales para ganar dinero y el estado tiene que tomar parte en esta situación. Pues ya está afectando hasta los más pequeños que ven a su padre en estos actos anormales y quieren hacer lo mismo y al final dejan la escuela para dedicarse a esto. Así nunca llegaremos a desarrollar como queremos el futuro de nuestra nación.

  10. Estoy muy de acuerdo con todo lo escrito. Es más que necesraio la aprobación de una Ley de protección de los animales en Cuba. Es triste y bochornosa la realidad del maltrato a los perros ,gatos,palomas,tomeguines,birijos,etc, solo con el fin de lucro y dinero.Parece que los cubanos estamos perdiendo el valor mas importante del hombre “SER HUMANOS”. Y lamnetablemente lo vivimos a diario.

    • es que precisamente eso, los animales no son humanos. y Dios le dió potestad al hombre sobre ellos para que los domine a su placer.
      Lo próximo será que van a querer prohibir a la gente que coma carne porque para ello hay que matar un animal.

      • 1-dios no dio potestad al hombre. el hombre se la qito a dios.
        2-dios encargo al hombre la proteccion de gaia, madre tierra, fauna y flora.
        4-el ser humano no necesita de la carne para sobrevivir. la comenzo a comzumir para sobrevivir durante las extremas seqias durante la evolucion del homosapiens.
        si no te has leido la biblia no digas estupideces.

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